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El objetivo de Airbnb es crear un mundo en el que todos podamos sentirnos como en casa sin importar dónde estemos. Al menos mil de los siete mil millones de habitantes de este planeta tienen más de 60 años y cuentan con varias décadas de experiencia e infinidad de historias a sus espaldas, lo que les convierte en algunos de los anfitriones más dedicados de nuestra comunidad.

El turismo ha cambiado mucho con el paso de los años, pero no siempre para bien. Los viajes organizados para las grandes masas y la mercantilización de la industria hostelera nos han alejado del factor humano, de ese anhelo de disfrutar de la interacción con otras personas.

Puede que por eso no resulte sorprendente que algunos de nuestros mejores anfitriones sean personas que crecieron en una época en la que viajar consistía en conocer a gente nueva. En Airbnb, estos experimentados anfitriones no son solo una parte importantísima de nuestra comunidad: también son algunos de nuestros líderes más eficaces.

Casi un millón de usuarios de Airbnb son mayores de 60 años y, de entre todos los anfitriones, el 10 % se sitúa en este rango de edad. Todos ellos proceden de contextos muy diferentes.

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Ser anfitriones puede cambiar la vida de nuestros mayores…
Deciden lanzarse a hospedar por distintos motivos:

Razones para hospedar

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Algunos de nuestros anfitriones de edad avanzada se animan a hospedar para obtener ingresos adicionales, ya que muchos subsisten con un presupuesto muy ajustado. El 56 % están jubilados y el 49 % viven de su pensión. El dinero que ganan con esta actividad les permite cubrir sus gastos y tener una mayor estabilidad económica. 

El anfitrión de edad avanzada medio gana menos de 6000 dólares americanos al año alojando a huéspedes por una media de menos de 60 días al año, lo que le proporciona el suficiente dinero para cubrir las compras y gastos básicos, o incluso permitirse algún viaje. El 41 % afirma que esta actividad les ha permitido quedarse en la casa a la que llevan años llamando hogar.

Nos llegan muchísimas historias de anfitriones de todo el mundo como por ejemplo Janice, de Louisville, en Estados Unidos, que utiliza el dinero que gana para pagar los gastos de mantenimiento de su casa y hacer algunas reparaciones básicas.

Cada vez para más de ellos, ser anfitriones se ha convertido en una forma de vida…
Como muestran los datos del Centro de Longevidad de Stanford, el aislamiento puede suponer un problema muy serio dentro de las comunidades de personas de edad avanzada. Ejercer su labor como anfitriones de Airbnb les permite traer el mundo a la puerta de su casa, conocer a gente de todos los rincones del planeta y relacionarse con los huéspedes desde la comodidad de sus hogares. 

De hecho, muchas de las personas que en su momento decidieron animarse a hospedar por motivos económicos afirman que los beneficios sociales que les proporciona esta actividad han resultado ser una nueva motivación para ellos. Casi un tercio sigue recibiendo a viajeros en su hogar principalmente por esta razón. Entre ellos se encuentra Eijiro, de Japón, que vive solo en su apartamento desde que su mujer falleció. 

Más de dos terceras partes de nuestros anfitriones mayores de 60 años buscan lo mismo que Laurel, de Menlo Park, en California: un poco de compañía ahora que sus hijos ya no viven en casa. Los resultados hablan por sí solos: su presencia y atención hacen que los huéspedes se lleven una mejor impresión y unos recuerdos imborrables. De hecho, los anfitriones de esta franja de edad reciben un 7,5 % más de valoraciones de cinco estrellas que el resto. 

Estabilidad económica y flexibilidad
El dinero que ganan nuestros anfitriones mayores de 60 años desempeña un papel muy importante en su situación financiera.

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«Airbnb es como un soplo de aire fresco que me permite dejar de lado la angustia y la preocupación añadida que suponen las reformas y el mantenimiento de mi hogar».

Janice, de Louisville, Kentucky, ostenta la categoría de Superhost y cuenta con más de 200 evaluaciones. Utilizó sus ingresos de Airbnb para liquidar un préstamo bancario y realizar algunas reformas importantes en su casa: desde arreglar el techo y las goteras hasta reparar daños, pintar las paredes e instalar una valla.

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«Estaba viuda, no tenía trabajo y tampoco contaba con una fuente de ingresos estable más allá de mi pensión. No podía permitirme la jubilación: debo pagar las facturas y me quedan algunos años de hipoteca por delante. Lo último que deseaba en una situación tan delicada era tener que dejar mi hogar y mi ciudad».

Después de perder a su marido y su trabajo, las hijas de Rosa la animaron a convertirse en anfitriona en su casa de Barcelona. Utiliza sus ingresos de Airbnb para pagar las facturas y ha recibido a huéspedes de todo el mundo, desde viajeros procedentes de Tasmania y Taiwán hasta dos hermanas de Azerbaiyán. 

Pero hay muchas otras historias como las de Janice y Rosa. El 45 % de los anfitriones de edad avanzada cuentan con el dinero que ganan con Airbnb para llegar a fin de mes y lo invierten en afrontar gastos básicos de la vida diaria. Estos ingresos adicionales son fundamentales para ellos. El 56 % están jubilados y viven de su pensión.

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Para muchas personas de edad avanzada, su casa es su bien más preciado, pero también supone una gran responsabilidad. El anfitrión medio de este rango de edad reside en la misma vivienda desde hace más de 16 años y el 68 % planea quedarse en ella en el futuro cercano o hasta que lleguen sus últimos días de vida. El 41 % afirma que hospedar a otras personas les ha permitido cubrir los gastos del hogar y mantener sus viviendas.

Inclusión social
Conocer a huéspedes nuevos es una forma fantástica de mantenerse en contacto con sus comunidades y con el resto del mundo. Aunque casi la mitad de los anfitriones mayores se animan a hospedar por motivos económicos, la mayoría afirma que los aspectos sociales les han proporcionado beneficios inesperados que hacen que quieran mantener esta actividad.

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«No tengo hijos y vivo solo, así que me encanta recibir a los huéspedes en mi casa y hacer que se sientan parte de mi familia».

Eijiro es un ingeniero e investigador jubilado que reside en Tokio sin más compañía que él mismo. Después del tsunami que azotó las costas de Japón en 2011, decidió reformar una de las habitaciones de su casa para dar cobijo a las víctimas y comenzó su andadura como anfitrión en 2012. Destina los ingresos que obtiene a través de Airbnb a distintas organizaciones sin ánimo de lucro de Asia que luchan contra la pobreza infantil.

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«Utilizar Airbnb hace que mi esposa y yo nos sintamos parte de una aldea global».

Kalinga y su mujer viven en Sri Lanka. Les encanta su labor como anfitriones de Airbnb, que les permite conocer a gente nueva de países y culturas lejanas sin tener que salir de casa. 

Pero hay muchas otras historias parecidas a las de Eijiro y Kalinga. El 74 % de los anfitriones de edad avanzada de Airbnb viven solos o únicamente con su pareja. Esta labor les permite acercar el mundo a la puerta de su casa cuando ya no están en condiciones de viajar. De hecho, el 28 % de los anfitriones nos explicó que, por encima de todo, siguen hospedando para conocer a gente nueva. Por su parte, el 15 % lo hacen para mantenerse activos.

Sin embargo, incluso los anfitriones cuya motivación principal no es mejorar su agilidad mental o su capaz para relacionarse se benefician de esta actividad:

  • El 78 % afirmó que les ha ayudado a aumentar su actividad física.
  • El 83 % contestó que Airbnb les ha permitido mejorar su agilidad mental.
  • El 82 % sostuvo que hospedar les ha servido para mejorar sus habilidades sociales y emocionales.
  • El 31 % respondió que ser anfitriones de Airbnb ha hecho que confíen más en los desconocidos.

Desde Airbnb, nos emociona comprobar cómo los miembros de nuestra comunidad han abrazado esta iniciativa y se han lanzado a compartir sus hogares. Deseamos seguir aprendiendo para mejorar la experiencia que ofrecemos a los viajeros y anfitriones más veteranos día tras día. Fue todo un honor participar en la última conferencia sobre el envejecimiento de la Casa Blanca y nuestro objetivo es seguir mejorando la accesibilidad y la calidad de estos servicios de cara a las personas de edad avanzada en todo el mundo. 

¡Por muchos más años venideros de los que disfrutar!


Queremos mostrar nuestro agradecimiento a la doctora Lauren Grieco, investigadora asociada en el Centro de Longevidad de Stanford, por su trabajo y colaboración a la hora de elaborar tanto la encuesta como el estudio en los que se centra este blog.

Host photography by Anna Huix, Christian Hansen, James Horan, and Julie Glassberg.