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En Airbnb, buscamos constantemente inspiración en nuestra comunidad de anfitriones y en las fabulosas experiencias  que han creado en todo el mundo. Conectar conotros anfitriones y probar experiencias en tu zona es una forma excelente de inspirarte.

Hemos hablado con seis anfitriones de experiencias culinarias para que nos den consejos y nos cuenten qué les apasiona y cuáles han sido los mayores desafíos en su aventura como anfitriones. 

 

¿Qué te inspiró a la hora de crear tu experiencia?

«Mi marido es maquillador y trabaja en el ambiente drag. Yo llevaba diez años dando clases de cocina. Estábamos buscando la forma de pasar más tiempo juntos haciendo las cosas que nos gustan a ambos», explica Pedro, que organiza una clase de cocina y cena con drag queens en Lisboa. «La idea era combinar las pasiones de ambos en una experiencia, así que el resultado fue una clase de cocina y una cena con drag queens en la que los viajeros también pueden vestirse para sacar su lado más drag. Nos lo pasamos genial todas las noches».

«Quería compartir con la gente los conocimientos de mi madre y mi esposa», explica Brahim, que organiza una clase de cocina con una familia marroquí en Marrakech. «El objetivo también es que los viajeros descubran cómo vive una familia marroquí de verdad. Me pareció buena idea compartir nuestra vida y nuestra casa con otras personas».

 «Tuvimos una infancia muy similar», dice Luca, quien junto con el coanfitrión Lorenzo organiza una clase de cocina en Chianti Hills. «Ambos crecimos con nuestras abuelas y aprendimos a cocinar con ellas. Siempre nos ha encantado cocinar».

 

¿Cuál ha sido el momento más memorable?

Nada más añadir disponibilidad al calendario, empezaron a llegarnos notificaciones al móvil. Fue genial. Dos viajeros venían de Australia y los otros dos, de San Francisco. A partir de ese momento, fue un no parar», dice el chef Raja, anfitrión de una clase donde los viajeros preparan tacos al pastor con un chef en Ciudad de México.

«Una vez vino un viajero estadounidense que era cantante de ópera y, mientras comíamos, empezó a cantar. Fue un momento precioso, ¡cantaba como los ángeles! Todos nos quedamos con la boca abierta», recuerda Lorenzo. «Todos los días hay pequeños detalles que lo hacen memorable. Cada día es diferente, siempre hay algo especial por lo que recordarlo». 

«¡Las evaluaciones!», añade Luca. «A veces se nos escapan las lágrimas al leerlas».

«Una vez vino un sacerdote de Italia. Tenía unos 65 o 66 años y vino con el alzacuellos puesto. Nos dijo que no iba a vestirse de drag queen, que solo iba a participar en la clase de cocina y disfrutar de la velada porque le gustaba el mundo drag», recuerda Pedro. «Fue al tocador de maquillaje y pidió solo una peluca, después unas pestañas postizas y, al final, acabó maquillándose toda la cara. Hasta le cubrimos las cejas con pegamento para pintarle otras encima. Se puso de todo: base, colorete, contorno… Eligió un vestido y unos tacones increíbles. Al cabo de un rato, teníamos a una extraordinaria drag queen cenando con nosotros».

«Los viajeros me dedican su tiempo, así que quiero que sea algo recíproco, quiero ofrecerles algo más. Cada vez es diferente, depende de la gente que venga: algunos hablan por los codos y otros son muy tímidos. Siempre tengo en cuenta su personalidad», cuenta Tomok, que organiza un taller creativo de makis y salsa japonesa en Tokio. «Algunos viajeros vienen por poco tiempo y me han elegido a mí, precisamente, para disfrutar de su estancia. Me parece muy importante tenerlo en cuenta, así que quiero ofrecerles algo realmente único.Ofrezco seis experiencias distintas y, después de la primera, algunos viajeros se apuntan a alguna de las otras. Cuando lo hacen, me emociono mucho».

 

¿Qué te gustaría haber sabido cuando empezaste?

«Idiomas. Muchos idiomas. Hablo cuatro idiomas, aunque ojalá también supiera chino, japonés, malayo, filipino…Pero, por suerte, todo el mundo habla inglés», dice Raja. «La gente que viaja con Airbnb y viene a las experiencias es muy amable. A veces me abruma un poco recibir tanto amor y cariño de la gente, pues trato por todos los medios que sea recíproco».

«Dominar el arte de contar historias e interactuar con personas de todo tipo. Lo más importante es abrir tu corazón, mostrarte tal cual eres y pasártelo bien», apunta Sara, que invita a los anfitriones a preparar una paella en su jardín secreto en Barcelona, España.

 

¿Qué consejo les darías a otros anfitriones de experiencias culinarias?

«El mejor consejo es no seguir un guión, ni un libro, ni ninguna norma. Simplemente, imparte la clase de cocina con naturalidad. En los diez años que llevo dando clases de cocina, incluso si no me acuerdo de la receta, improviso. Les digo que no me acuerdo, pero que, en lugar de buscarlo en Google, hagan esto o aquello y que confíen en mí. A la gente le gusta mucho esa autenticidad, no te juzgan», comenta Pedro. «Después de cada clase de cocina, los viajeros reciben un enlace desde el que pueden descargar todas las recetas. Además, desde el principio les digo que se lo voy a enviar para que no tengan que preocuparse de memorizar nada. El mejor consejo que puedo ofrecer es que no haya ninguna norma, ¡viva la espontaneidad!».

«Tener mucha paciencia», opina Raja. «A veces viene gente que no sabe ni agarrar el cuchillo. Es importante no tratarlos como si no supieran nada, sino ayudarlos a aprender».

«Recibir a los viajeros como si fueran tu familia o tus amigos de toda la vida, no como clientes», afirma Brahim.

«Actuar con naturalidad. Hemos llegado a la conclusión de que los viajeros se apuntan a las experiencias para estar con otra gente. Gente normal y corriente, en su vida diaria y haciendo lo que les apasiona. Basta con que interactúes con ellos y les invites a hacer algo que te apasiona», dice Lorenzo.

«Cuando llegan, vienen porque quieren aprender a hacer pasta. Una hora después, ya es diferente, empezamos a entablar amistad», añade Luca. «Pasarán a formar parte de tu vida, igual que tú formas parte de la suya».

 

Luca y Lorenzo imparten clases de cocina en las colinas Chianti de la Toscana, dondelos viajeros preparan varios tipos de pasta desde cero y luego elaboran un postre italiano tradicional. 

Brahim ofrece una clase de cocina con una familia marroquí en Marrakech, donde los viajeros primero disfrutan de un desayuno tradicional marroquí y luego visitan un mercado para comprar ingredientes y preparar el almuerzo. 

El Chef Raja, instructor profesional y artista culinario, organiza una clase de cocina para preparar tacos al pastor en Ciudad de México, en la que los viajeros van a un mercado local para comprar ingredientes con los que preparan unos deliciosos tacos, que después disfrutan todos juntos. 

Pedro organiza una clase de cocina y cena con drag queens en Lisboa: tanto los anfitriones como los viajeros se visten de drag, cocinan, cenan y disfrutan de un espectáculo. 

Tomok invita a los viajeros a disfrutar de un taller creativo de makis con salsa japonesa en Tokio. En su experiencia, los viajeros la acompañan a dar un paseo por su barrio y luego preparan makis, en los que fusionan culturas y salsa japonesa. 

Sara organiza una experiencia para  preparar una paella en su jardín secreto en Barcelona, donde los viajeros descubren la receta de paella de su abuela.