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No era la intención de Tia enamorarse de la pesca del cangrejo ni organizar una experiencia cuyos participantes afirman que «cambia la vida», pero sucedió. Descubre cómo su carrera en el sector alimentario la ha ayudado a obtener una valoración perfecta de 5 estrellas y cómo el hecho de convertirse en anfitriona la ha transformado a ella también.

Tia Clark creció en Charleston, Carolina del Sur, una pintoresca ciudad sureña conocida por su encantadora arquitectura, su hospitalidad y su emblemática cocina, especializada en marisco. Empezó a trabajar en el sector de la alimentación hace casi 20 años, primero como lavaplatos y luego regentando varios bares locales.

Hace unos cuantos años decidió dejar de fumar. Tras casi dos décadas de hábito, su cuerpo reaccionó negativamente al cambio, por lo que buscó ayuda profesional. El médico le aconsejó que, como parte de la terapia, tratara de ser más activa. Así que cuando su primo le ofreció salir a pescar cangrejos, le tomó la palabra. Después de la primera salida, ya estaba enganchada.

«Pescamos unas 5 o 6 horas. A partir de entonces, fui todos los días durante meses», afirma Tia. «Tal vez fuera porque dejé de fumar y llenaba el vacío de los cigarrillos, pero tenía que hacerlo porque alimentaba mi espíritu».

Estaba tan entusiasmada con su nueva afición que publicaba fotos de las capturas diarias en las redes sociales. De este modo, llamó la atención de su comunidad y de sus clientes, que la animaron a poner en marcha la experiencia.

Nos reunimos con Tia para hablar del largo camino que la ha llevado hasta su nueva pasión, lo que le han enseñado sus casi 20 años en el sector de servicios sobre cómo organizar una experiencia de éxito y el impacto que han tenido en ella los viajeros.

Sobre la puesta en marcha de la experiencia

La experiencia arrancó despacio, pero luego las cosas empezaron a animarse y Tia vio lo que era capaz de aportar a la experiencia y a las personas que llevaba a los muelles de Charleston.

«Después de recibir las dos primeras evaluaciones, todo fue como la seda…Me preguntaba: “¿Qué está pasando?”. Aún regento mi bar a jornada completa. Me pareció que había puesto en marcha un negocio turístico por casualidad en una de las ciudades turísticas más famosas del país.

Y entonces empezaron a pasar cosas mágicas en el muelle. Al estar en [el servicio de] alimentación tanto tiempo, puedes crearte una imagen negativa de la gente. Eso es lo que mi cabeza se había inventado. No quería que entrara nadie nuevo en mi vida y ahora tengo amigos a puñados.

Ahora voy al muelle acompañada de estas personas y tengo experiencias que ya no creía posibles en compañía de otros seres humanos. Me sucede cada vez que recibo una reserva en Airbnb. Es como una experiencia espiritual, extrasensorial. Ha demostrado literalmente que todo lo que creía saber sobre las interacciones humanas espontáneas no era cierto».

Sobre la preparación

Aunque ahora comparte su pasión con viajeros de todo el mundo, también se asegura de reservar siempre tiempo para sí misma en el muelle.

«Siempre que tengo una reserva, salgo una hora antes, preparo esta “zona de juego” [con todo el equipo] como si fuera a ir a pescar yo sola, y luego cada día una persona distinta de cualquier lugar del mundo viene a pescar cangrejos conmigo unas horas. Es igual cada día, pero la experiencia es diferente debido a los viajeros.

Cada persona que acude al muelle está preparada para salir a pescar y dispuesta a participar. Trato de dar lo mejor de mí para que cada viajero lo pase lo mejor posible. Es algo muy especial para mí, por lo que no me resulta difícil ofrecérselo a los demás».

Sobre qué hace que una experiencia sea buena

En opinión de Tia, el vínculo personal que establece un anfitrión con la actividad es lo que permite conectar realmente con los viajeros. Y no tiene por qué ser complicado.

No hay que darle demasiadas vueltas. Para mí, tan solo se trata de pescar unos cangrejos, pero para ellos es una bonita experiencia en un entorno precioso. No quieren que aparentes cosas que no son. Lo que hay ya es genial de por sí. Por eso me enamoré de esta actividad.

Los detalles de salir a pescar cangrejos son lo que me emociona. Cuando la gente tira del hilo, me emociono porque sé que hay un cangrejo al otro lado y sé lo que se avecina. Y entonces aparece el cangrejo y puedes ver la alegría en la cara de la gente. Así que, ¿cómo voy a intentar cambiarlo? Solo tengo que ayudarles para que disfruten de algo que yo aprecio.

Cuando la gente llega tarde, me resulta difícil organizarme porque siento que estoy quitando tiempo a una persona para dárselo a otra. Hay que hacer mucho a la vez. Tengo que estar preparada para hacer cualquier cosa sobre la marcha. [En el bar] no hay portero, mis ojos lo controlan todo.

Sobre las recompensas de organizar experiencias

La pesca de cangrejos se ha convertido en una parte esencial de Tia. Incluso tiene un cangrejo tatuado en la pierna, que le sirve para medir si las capturas son lo suficientemente grandes como para quedárselas. Pero ahora sabe que compartir lo que antes era su deleite particular realmente contribuye a su disfrute personal y la ayuda a crecer. Y, al parecer, es solo el principio.

Pensaba que [el sector alimentario] iba a ser mi ocupación el resto de mi vida. No fui a la universidad, así que es lo único que sé hacer para llegar a fin de mes, y puedo hacerlo muy, muy bien. Estar en esta plataforma me hace sentir que eso no lo era todo para mi.

Tengo unas ganas de vivir que antes no tenía debido a la interacción con la gente. Para alguien que se negó a interactuar con los demás durante tanto tiempo, es increíble que relacionarse sea lo que le está devolviendo la felicidad.

Solo llevo cuatro meses en la plataforma y ya podría escribir un libro. Es la etapa más feliz de mi vida. Me está cambiando a mí tanto como a los viajeros.