Not Yet Trending es un reportaje de investigación elaborado por Airbnb. Analizamos los datos de viajes de nuestros huéspedes para encontrar destinos emergentes antes de que se vuelvan populares. Y para descubrir las historias que se esconden detrás de los números, recurrimos directamente a su origen: nuestros anfitriones.

Durban, en Sudáfrica, lleva mucho tiempo eclipsada por Johannesburgo y Ciudad del Cabo, a pesar de que tiene tanto por ofrecer como las otras. Solo recientemente y gracias a los emprendedores locales que traen un soplo de aire fresco al espíritu creativo de esta ciudad, va recibiendo la atención que se merece.


En Durban hay un buen rollo que te llena de vida y te anima a hacer cosas a todas horas: que si surf por la mañana, un café por la tarde o una barbacoa por la noche.

En esta ciudad sudafricana bañada por las cálidas aguas del Índico, donde el sol brilla unos 320 días al año de media, los durbanitas disfrutan de sus playas a diario, ya sea con un chapuzón mañanero o un paseo por la arena a última hora de la tarde. Este ambiente idílico puede parecer un paraíso tranquilo lleno de surfistas y lugareños tostándose al sol, y sin duda lo es, pero Durban también es una ciudad que bulle con nuevas ideas de emprendedores y artistas pioneros.

Este ambiente tan prolijo hace que los espíritus más creativos tengan mucha competencia en Durban, mucho más que en otros sitios. «Puede ser difícil salir adelante aquí», nos cuenta Andrew Rall, un anfitrión de Airbnb que volvió a su ciudad natal en 1999 después de vivir un tiempo en Reino Unido y que ahora lidera el resurgir creativo en el lugar. «Es un buen sitio para ponerte a prueba a ti mismo. Si eres capaz de tener éxito en lo que te propones aquí, está claro que podrías hacerlo en cualquier sitio».

Si nos pusiéramos a indagar en el pasado de los grandes talentos de la publicidad, los medios de comunicación, el entretenimiento y la moda asentados en Johannesburgo y Ciudad del Cabo, descubriríamos que muchos de los personajes más innovadores de Sudáfrica son de Durban, pero se mudaron a otras ciudades para labrarse un nombre. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, las tornas van cambiando: Durban rebosa talento gracias a visionarios como Andrew que han vuelto a casa y ponen todo su empeño en resucitar el casco urbano y los barrios de las afueras, vibrantes y llenos sorpresas. Andrew fue uno de los pioneros que impulsaron el Station Drive Precinct, un pequeño enclave que, gracias a las ideas de promotores privados como él, se ha consolidado como el verdadero epicentro de la creatividad en la ciudad. Allí puedes encontrar su proyecto, Distillery 031, así como talleres de marcas de ropa populares y orgullosas de producir localmente, como Terrence Bray y Jane Sews, y multitud de tiendas, cafeterías y un frenético mercado, el Morning Trade, que abre el fin de semana. También se ha convertido en el centro neurálgico de los First Thursdays, una serie de eventos que complementan el ocio durbanita con música en directo, exposiciones y food trucks.

Le pregunto a Andrew qué hace a los durbanitas volver a casa. «Lugares como este», me responde sin atisbo de duda. «Para volver, necesitas una comunidad creativa. Con el resurgir de zonas como Station Drive, es viable ganarse la vida con tu creatividad y disfrutar de un estilo de vida ideal: playa, buen tiempo y actividades al aire libre».

Unas horas más tarde, me sumerjo en Station Drive acompañada de Didi Sathekge, una anfitriona de Airbnb con la que he quedado para ir al festival de First Thursdays, que una vez al mes invade el barrio con nuevas exposiciones, food trucks, fiestas y música en directo. Este festival nació en Johannesburgo y aterrizó en Durban hace cuatro años, aunque parece que lleva aquí toda la vida. En los días siguientes no paramos: recorremos Station Drive, visitamos una cafetería en Glenwood y vamos a la inauguración de una exposición en Florida Road, y en todas las esquinas hay alguien que se para a saludar a Didi. «Me he convertido en una durbanita», anuncia llena de orgullo una madrugada en Hollywood Bets mientras disfrutamos de un bunny chow, la comida callejera más célebre de Sudáfrica, creada por la comunidad india de Durban durante el apartheid. «Ser durbanita significa que has encontrado el equilibrio en tu interior, porque la ciudad te permite trabajar a tope y disfrutar de la vida a partes iguales».

En gran medida, ese equilibrio tiene que ver con el distintivo de la ciudad, la joya de la corona, la irresistible lengua de arena dorada que adorna su costa. «La playa es un lugar democrático: puedes encontrarte a mujeres con hijab sentadas al lado de surfistas en bikini, personas sin hogar que recogen objetos para reciclar o grupos religiosos en pleno bautismo en el mar. La gente comparte la playa sin reservas porque es un lugar de descanso y diversión para todos», nos cuenta Raymond Perrier, un anfitrión de Airbnb con un piso con vistas al mar en North Beach. Raymond, director del Denis Hurley Centre, es un ciudadano británico que se trasladó a Durban después de vivir en Londres, Johannesburgo y Nueva York. De todos los destinos en los que ha vivido, Durban es su favorito. «Es la ciudad más interesante. Los distintos grupos, ya sean religiosos, étnicos o raciales, se entremezclan constantemente».

El cóctel cultural de Durban se refleja inevitablemente en todas las expresiones artísticas, ya sea música, arte o diseño. La diversidad en Durban es, en gran parte, responsable de esta mezcla inconfundible, ya que en la ciudad conviven comunidades zulúes, inglesas e indias, lo que genera un híbrido único en el país que se plasma en la música, la comida y el arte. «Si te gusta África y quieres sentir que vives de lleno en ella, Durban es tu ciudad», nos dice Andrew. «No es monocultural ni trata de imitar la vida europea».

La explosión cultural que resulta de esta combinación está a años luz de lo que encontrarás en cualquier otro lugar, ni siquiera en Ciudad del Cabo o Johannesburgo. Durban se rige menos por las modas y se mantiene fiel al espíritu original de la ciudad. «Durban no se mueve por dinero, la gente hace cosas por amor o por pasión, en lugar de caer en lo más popular. Es más sincera», explica el artista Aewon Wolf. Quedo con él en el distrito emergente de Rivertown, en un almacén lleno de luz que está transformando en un centro de ocio donde los jóvenes puedan reunirse y dar rienda suelta a su talento, bailar, grabar su música o pintar y exponer sus obras. «En otras ciudades, hay tanto dinero de por medio que acabas ciñéndote a las modas. En Durban, aunque las sigas no significa que te vayas a hacer de oro, así que más vale hacer lo que realmente te gusta».

Además, en Rivertown tengo la suerte de disfrutar de la ciudad en su máximo esplendor. Voy a bailar a una macrofiesta al ritmo del gqom, el estilo musical propio de la ciudad. Disfruto de las obras de artistas locales en la diáfana y sofisticada galería de la asociación de artistas KwaZulu Natal Society for the Arts, en Glenwood. Buceo entre productos locales en el I Heart Market, instalado en los soportales del emblemático estadio de Moses Mabhida, donde puedes encontrar todo tipo de productos elaborados por artesanos locales, desde vestidos hasta salsas de piri-piri. Y en el Central Business District, una tarde de sábado disfruto de una fascinante sesión de música en directo en el Jameson’s Pub, un pequeño bar en la parte trasera de un centro comercial.

En un descanso, sigo al artista y músico Nivesh Rawatlal cuando sale a fumar y aprovecho para preguntarle qué define, en su opinión, el espíritu creativo de la ciudad. «Durban tiene una voz única que se aprecia en los pequeños detalles», me explica. «Coger un taxi, comerte un bunny chow… Son todas esas pequeñas cosas».

Basta con pasar unos días en la ciudad para acostumbrarse al arrullo de esa voz. Los barrios residenciales más populares como Morningside, Berea o Musgrave tienen casas y bloques de apartamentos elegantes, casi escondidos por la exuberante vegetación que los rodea. Sin embargo, las viviendas más cotizadas siguen estando en Golden Mile, a orillas de la playa y que da forma al centro urbano. Además, en un cuarto de hora puedes plantarte en cualquier punto de la ciudad, lo que resulta muy cómodo para los residentes y los visitantes. Una de las mejores formas de explorar Durban es haciendo una visita guiada con Beset Durban. Comenzó como un grupo informal de personas que se juntaban para caminar junto a la playa y aprender cosas nuevas sobre la afamada arquitectura art déco de la ciudad. Sin embargo, se ha convertido en un verdadero fenómeno de durbanitas apasionados que aprovechan para redescubrir los rincones más recónditos de la ciudad. Tal es su éxito que a veces las caminatas cuentan con más de cien participantes. «Fue un experimento que se convirtió en un movimiento social», nos cuenta su cofundador, Jonas Barausse.

«La gente viene a los recorridos sabiendo que va a descubrir cosas nuevas», añade el fotógrafo Dane Forman, otro de los cofundadores. «Conseguimos que la gente salga a la calle».

Ya sea a pie, en coche, en bici o en tabla de surf, lo que importa es empaparse de la energía que mueve los engranajes de la ciudad. «En Durban, hay tantas oportunidades que uno tiene la impresión de que, si enciende una cerilla, todo saltará por los aires», dice Rawatlat.

¡Más vale ir antes de que ocurra!


Sarah Khan es una escritora de viajes que ha vivido en cinco países de tres continentes distintos. Estuvo viviendo recientemente en Sudáfrica, donde se quedó fascinada por los subestimados secretos de Durban. Puedes leer su obra en su página web o seguirla en Instagram o Twitter.

?: Kent Andreasen / Steve Glashier