Las tranquilas playas de la isla, las verdes plantaciones de té, las densas junglas y su rica cultura la convierten en uno de los destinos más fascinantes del mundo.

Aunque Sri Lanka es un país con más de 2550 años atrás y la isla es famosa por exportar té, canela y zafiros azules, incluso a los viajeros más aventureros les cuesta señalar la isla (antiguo Ceilán) en un mapa.  Te damos una pista: está en el Océano Índico, al sur de Tamil Nadu (en India) y al noreste de Maldivas.

El colorido templo de Shri Sivasubramaniya Swamy Kovil en Colombo está repleto de deidades del hinduismo.

El relativo desconocimiento de Sri Lanka es un problema de «relaciones públicas» que viene de lejos. La península de Jaffna y el Vanni se vieron afectados por una guerra civil que duró tres décadas y que enfrentó al grupo separatista de los Tigres Tamiles contra los cingaleses, la mayoría gobernante. El conflicto terminó en 2009, habiéndose llevado la vida de 100 000 personas. Por si esto fuera poco, en 2004 un tsumani arrasó las costas orientales y occidentales del país, barriendo a su paso ciudades enteras. El turismo se restableció muy lentamente, porque los viajeros temían por su seguridad y les preocupaba la falta de infraestructura.

Pero todo eso está cambiando a una velocidad vertiginosa. Este año, el número de usuarios de Airbnb que han viajado a Sri Lanka ha crecido un 130 % con respecto al pasado, lo que indica un aumento extraordinario en las reservas.

«Somos famosos por nuestra buena hospitalidad», afirma Rukmal Lahiru, Superhost que lleva tres años usando nuestra plataforma para anunciar su casa árbol en mitad de la jungla en Habarana. Aunque la ciudad en sí es diminuta, su ubicación es perfecta para moverse por el triángulo cultural, incluido el yacimiento de Sigiriya y el parque natural de Minneriya. Lahiru es un anfitrión de diez que lleva a sus huéspedes a hacer safaris en jeep a las reservas naturales cercanas, los acompaña en las rutas por los bosques milenarios que rodean los monasterios y los invita a festines de comida casera preparada por los vecinos. Se nota que tiene la esperanza de un futuro mejor.

El antiguo palacio de piedra de Sigiriya, erigido por el rey Kassapa I en el S. V con la intención de convertir la ciudad en la nueva capital, se eleva 180 metros entre la vegetación de la jungla de la provincia central de Sri Lanka.

Súbete al tren (un billete de segunda clase te permitirá vivir una verdadera experiencia local) y verás claro que esta esperanza por un futuro mejor ha calado hondo en el carácter de los ciudadanos, que transmiten fortaleza y amabilidad. En todas las estaciones verás puestos de roti de coco (una especie de torta de coco), vadai crujiente (buñuelos de lentejas con curri) y botellas frías de Milo, una bebida de malta de chocolate. Pruébalo todo. Habla con los lugareños. Vive esta experiencia porque es única e irrepetible.

La mayoría de los viajeros vuelan al aeropuerto de la ciudad y se marchan al día siguiente. Una pena. Colombo es una ciudad llena de vida, una metrópolis multidimensional repleta de tiendas modernas, templos y mezquitas increíbles y parques cuidados al detalle. El barrio de Pettah en particular es un hervidero de actividad, con sus callejuelas abarrotadas de tuk-tuks, vendedores ambulantes de granadas y hombres barbudos transportando alfombras enormes sobre los hombros.

Sea cual sea el medio de transporte que elijas (ten en cuenta que podrías pasarte meses visitando las bellezas naturales e históricas de esta isla con casi 65 Km2) no puedes perderte la capital comercial, Colombo. Repleta de cafés, tiendas, galerías y boutiques independiente, rebosa ese optimismo típico de la juventud. El paseo colonial Galle Face Green es el punto de encuentro por excelencia y refleja perfectamente la nueva nueva filosofía de «vive y deja vivir» que ha adoptado la ciudad. Encontrarás niños de uniforme volando cometas de colores; parejas con ojos saltones que haciendo manitas en los bancos; familias musulmanas almorzando y turistas cámara en mano paseando por la ribera en busca de cocos gigantes y gambas rebozadas fritas.

Chitrupa de Fonseka, Superhost de Airbnb, y su madre han dado techo a más de 300 viajeros en Borella, un barrio de Colombo, desde 2012. Los desayunos en familia son abundantes y divertidos, y a Chitrupa le encanta ayudar a los huéspedes a planificar sus itinerarios por el país. ¿Su mejor recompensa? «Los huéspedes suelen decirme que han aprendido a sonreír después de visitar Sri Lanka», comenta.

Playa de Mirissa, Sri Lanka.


Ashlea Halpern es fundadora de Cartogramme, una web de cultura y viajes, y directora editorial de la revista AFAR.