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Las experiencias solidarias son una oportunidad para que los participantes conozcan en profundidad el ámbito de actuación de la organización, ya que pueden aportar información más detallada que los panfletos o la página web.

Eso piensa Jack, el anfitrión de Cruise through queer history en San Francisco y director ejecutivo de TurnOut, una organización benéfica que conecta a los voluntarios con cuestiones del ámbito LGBTQ+:

«Hacía tiempo que nos planteábamos organizar un recorrido histórico del colectivo para conseguir financiación más adelante, pero [las experiencias de Airbnb] se presentaron como una oportunidad que no queríamos dejar escapar. Empezamos el recorrido con la intención de sensibilizar a la gente sobre la labor que llevamos a cabo en nuestra organización, conseguir que más personas se involucraran en la causa y conseguir financiación para seguir trabajando».

Cuando diseñes tu experiencia, ten en cuenta que la planificación inicial posiblemente sea lo que más tiempo te lleve:

«Si organizas la experiencia para conseguir fondos, es lógico dedicar un tiempo a crear algo bueno desde el principio. Luego basta con repetirlo una y otra vez. A mí me llevó meses organizar el recorrido, pero ahora le dedico solo tres horas cada fin de semana y supone unos ingresos para la organización. La preparación fue la fase que más tiempo me llevó».

También está bien ir probando y aprendiendo de lo que opinen los participantes para mejorar la experiencia con el paso del tiempo:

«Al principio, el recorrido duraba cinco horas con una parada intermedia en un bar. No quería sacrificar ninguna de las historias que me parecían importantes, pero eso alargaba el recorrido en exceso. Al final, opté por eliminar la parada en el bar y me las arreglé para acortar el recorrido en bici replanteándome algunas paradas, y además recorté un poco el guion. Ahora dura tres horas y es mucho más manejable. También bajé el precio de 65 $ a 45 $, porque la mayoría de la gente tiene que pagar el alquiler de la bici en alguna tienda local».