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Os presentamos a Hyang-Geum, una anfitriona coreana que ha encontrado la felicidad y un nuevo propósito en la vida tras abrir las puertas de su casa a viajeros de todo el mundo. Es un verdadero honor poder descubrir su historia a través de sus propias palabras.

Últimamente, los momentos más felices de mi vida siempre tienen que ver con esos instantes en los que espero la llegada de mis huéspedes. Me emociona pensar que alguien de un rincón totalmente distinto del mundo viene a visitarme y me enorgullezco cuando me imagino a los viajeros disfrutando de la comida que les voy a preparar. Son solo detalles, pero me hacen muy feliz. Mi marido falleció en un accidente y, durante un tiempo, perdí la esperanza. Su ausencia me trajo una enorme soledad y un terrible vacío, pero también ciertos problemas económicos que me resultaba imposible ignorar. Había sido ama de casa durante muchos años, así que no tenía ingresos fijos ni había participado en actividades sociales desde hacía bastante tiempo.

Cuando mis hijos se fueron de casa y me quedé sola, me sentí como una adolescente: desorientada y confusa. Poco después, una vecina me explicó cómo funcionaba Airbnb. Fue entonces cuando empecé a hospedar y tuve la oportunidad de salir adelante económicamente tras perder a mi marido. El dinero que consigo alquilando mis dos habitaciones libres me ayuda a pagar las facturas y llegar a final de mes. Y, además, ahora mi casa está llena de vida. Gracias a los huéspedes, ya no me siento sola: ¡es como tener a mis hijos o mis amigos en casa!

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La gente dice que, para empezar hospedar, no hace falta hacer demasiados preparativos, pero yo quería que mi casa marcara la diferencia. Por eso, planté flores y árboles en el jardín que tengo en el tejado y puse un pequeño estanque. Al principio, iba añadiendo cualquier planta que me gustara, sin orden ni concierto, pero este año he puesto todas las flores juntas, en el lugar más apropiado para que crezcan mejor, y he hecho lo mismo con las vides.

Me he dedicado en cuerpo y alma a la jardinería y a hospedar y, como suele ocurrir, he ido mejorando en todo con el tiempo. Cambié el menú del desayuno para incluir cosas que suelen pedir los huéspedes y creé una ruta a pie por el barrio, a lo largo de Seokchon Lake hasta Lotte World, con un par de paradas interesantes para hacer por el camino.

He encontrado mi vocación al acoger a otras personas y guiarlas por mi ciudad gracias a Airbnb. Hospedar me hace sentir más fuerte e independiente.

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Me encanta pensar en qué puedo poner de mi parte para que los huéspedes disfruten al máximo de su viaje y vivan experiencias inolvidables. La mayoría solo visita Seúl: ¡es una pena que no tengan la oportunidad de descubrir otros rincones de Corea! Para conocer mejor nuestras tradiciones y nuestra cultura, no hay nada como acercarse a las pequeñas comunidades locales de la zona, lejos del bullicio de la ciudad.

Por eso, cada día intento buscar ideas nuevas para sorprenderles. Cuando empecé a hospedar con Airbnb, algo cambió en mi interior: ahora siento que llevo las riendas de mi destino y que puedo disfrutar de la vida. Me ha dado la seguridad en mí misma que necesitaba para ser feliz sin depender de otras personas. Esta experiencia me ha enseñado, por encima de todo, que nunca es tarde para creer en ti.

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