El Oktoberfest no es algo distinto de muchas otras cosas en la vida: o te encanta la fiesta popular más grande del mundo… o no. Así de sencillo. Esta celebración (en alemán, la “fiesta de octubre”) tiene lugar desde 1810 en Theresienwiese (“el Prado de Teresa”), en la ciudad alemana de Múnich, adonde atrae cada año la impresionante cifra de seis millones de visitantes de todos los lugares del mundo. Se espera que este otoño, entre los muchos amantes de la cerveza que allí se dan cita, además de los habitantes de Baviera y otras ciudades alemanas, haya unos 200 000 visitantes de Italia y de Estados Unidos, más 150 000 británicos y australianos, además de los provenientes de Nueva Zelanda, Canadá, Irlanda, Austria, Francia y Suiza, todos vestidos con trajes bávaros tradicionales.

Gente de todas las edades, desde familias enteras, granjeros o amantes de la ciudad, a estudiantes, académicos y trabajadores, se reunirán en la zona que los habitantes del lugar llaman afectuosamente el “Prado”. Es tradición que representantes de todos los estratos de la sociedad se encuentren para comer, beber y celebrar sin distinciones.

Las cifras son impresionantes: cada año se consumen casi siete millones y medio de litros de cerveza, 510 000 pollos asados, 59 000 manos de cerdos y un sinfín de otras delicias tanto dentro como fuera de las carpas. La música en directo es tema de leyenda, la cual crea una atmósfera vibrante alrededor de las 14 carpas de cerveza, entre cuyos pasillos formados por las mesas pasan constantemente camareros de ambos sexos cargados con una cantidad imposible de alimentos y bebidas, siempre con una sonrisa.

No resulta sorprendente que cada año, a mediados de septiembre, “el Prado” se convierta en algo así como un universo paralelo, sumido en un halo de cerveza, salchichas y algodón de azúcar, un mundo aparte del día a día de la ciudad de Múnich.

A decir verdad, nuestro maravilloso guía turístico muniqués, Werner, no era natural de Baviera, y tampoco había crecido allí; pero de igual manera el Oktoberfest es toda una referencia en su calendario social, tanto como la Navidad y el Año Nuevo juntos.locallens_Munich_Stradtmann_060915_0231.RET

Después de haber vivido sucesivamente en Colonia, Sídney y Londres, actualmente considera Múnich, la llamada “Mónaco de Baviera”, su nuevo hogar. Es un enamorado de la arquitectura y comerciante de piezas de la colección de diseño Vitra, y no deja de enfundarse cada año durante el Oktoberfest sus pantalones de cuero, su típica chaqueta janker y sus botines para tomarse un par de cervezas con los amigos.

En nuestra primera parada durante el pequeño recorrido por Múnich, Werner nos agasaja con un delicioso desayuno con salchichas blancas, y es entonces cuando nos enteramos de que tiene los intereses puestos en el diseño de interiores.locallens_Munich_Stradtmann_060915_0202.RETLo que más le atrae es el mobiliario. Como aprendiz de carpintero, compró su primer mueble de diseño a la temprana edad de 17 años, una lámpara Tizio, obra de Richard Sapper. Hablamos desordenadamente de los trajes de Dries van Noten, de Sídney, su ciudad favorita, regresando siempre al tema de la arquitectura y los espacios interiores.

Cada año, Werner da la bienvenida a visitantes de todo el mundo que vienen al Oktoberfest en su piso hermosamente decorado con piezas originales de Eames y una multitud de interesantes objetos, situado en el barrio de Wagner; y no duda en extenderse generosamente en sus valiosas recomendaciones sobre cómo hacer la visita perfecta a Múnich porque, durante el Oktoberfest, la capital bávara tiene mucho más que ofrecer que bandas de música y “Brotzeitbrettl” (el plato tradicional a base de queso, pan y fiambres).

“No es raro que cuando el visitante vaya a una de las mejores carpas del Oktoberfest, la Carpa del vino (en el supuesto, claro está, de que ya haya bebido abundante cerveza), no logre acercarse a la barra, de lo abarrotada que suele estar. Por otra parte, el ‘Prado’ cierra cada noche alrededor de las 22:30. Pero cuando uno ya ha tenido suficiente con tantos pantalones de cuero y botines y empieza a buscar el bar perfecto para terminar el gran día, el mejor lugar es ‘Die Registratur‘, en Müllerstraße, donde encontrará un interior de gran estilo, con gente agradable y estupendas bebidas. “Una de mis favoritas es la Regi Fashioned: un clásico a base de wiski de malta Auchentoshan, Frangelico, chocolate negro y azúcar, que el barman suele agitar durante tanto tiempo que uno se marea solo de verlo.”locallens_Munich_Stradtmann_060915_0017.RET“Un lugar al que voy mucho para desayunar, ya antes de salir hacia el ‘Prado’ es el ‘Aroma Kaffeebar‘, en el barrio de Glockenbach. Su propietario, Jürgen, vivió muchos años en California; por esa razón, además de los sabrosos sándwiches y los magníficos pastelillos, el visitante encontrará una gran variedad de atractivos bocadillos, así como imaginativas fruslerías de todo tipo: llaveros que brillan en la oscuridad, piruletas relucientes, ginebra local de Múnich, aceites para la barba (muy apreciados por los hipsters), inciensos y hasta granos de café tostados de Berlín.”locallens_Munich_Strdm_060915_0374.RET

“Me encanta la buena bebida, y cuando quiero algo muy especial, siempre puedo ir a un Späti (pequeño local que abre hasta muy tarde, donde se sirven bebidas y bocadillos) llamado ‘Szenedrinks‘ que está en Gärtnerplatz. El lugar está atendido por Helmut y Franz, quienes, por alguna razón, estoy seguro de que son grandes fans de Cher. Será porque cada vez que he ido por allí ha coincidido que había en la televisión un antiguo concierto de Cher de los 80. Ofrecen una magnífica selección de bebidas, alrededor de 100 tipos diferentes de ginebra, y una variedad de cervezas artesanales. Allí es donde descubrí la mejor ginebra que se hace en Alemania: la ‘Siegfried Rheinland Dry Gin‘, que ganó la medalla de oro en el concurso World Spirits de 2015.”locallens_Munich_Stradtmann_060915_0490.RET

“En Múnich se encuentra todo tipo de antiguas tradiciones bávaras. Si, por ejemplo, uno va a las puertas de la ciudad de Isartor, puede ver muchos ejemplos de la tradición local. El ‘Turmstüberl‘ es un mercado antiguo, restaurante y café, todo en uno, donde la abundancia de platos tradicionales, las piezas de arte y las muestras de todo tipo salpicadas de kitsch crean una extraña mezcla. Me encanta la multitud de detalles extravagantes con los que está decorado su reducido espacio. En la entrada puede leerse un letrero que dice: ‘Club de mujeres. Cuidado. La propietaria puede morder’. ¡Vosotros decidiréis si os arriesgáis!”

“Hay algunos lugares que uno nunca se cansa de visitar. Si has pasado todo el fin de semana del Oktoberfest golpeando la mesa con la jarra de cerveza y necesitas despejarte un poco, un paseo por elOlympiapark es la mejor receta. Justo en medio de un pintoresco paisaje se eleva hacia el cielo la Torre olímpica del parque, de 290 metros de altura. Encuentro fascinante la arquitectura futurista de los años 70. Solía visitar ese lugar cuando era un niño y me gustaba subir para contemplar la impresionante vista desde las alturas. Desde el restaurante puede verse toda la ciudad. ¡Una experiencia inolvidable!”locallens_Munich_Stradtmann_060915_0610.RET